domingo, 16 de noviembre de 2008

¿Pensabas que estaba en la heladera comiendo un “Opa”? No, Disney es un elemento de propaganda para el gobierno de Estados Unidos

Pocos evitaron la lágrima fácil cuando Simba veía cómo una manada de animales asesinaba a su padre. Algunos lograron disimular su pena cuando creyeron que Pinocho moría como comida en la boca de una ballena. Pero detrás de esas historias de cuentos de hadas, detrás de la cursilería y le metáfora fácil, Disney esconde un oculto servilismo a la política exterior de los Estados Unidos.
Un trabajo titulado El cine infantil de Hollywood hace una recopilación de los mensajes que la productora emitió durante los últimos quince años que coinciden con el inicio de la Guerra del Golfo -declarada por Bush padre- y que culminan con la invasión de Irak por parte de Bush hijo. “Es un momento en el que el cine se vuelve desembozadamente propagandista”, explica Marcela Croce a la agencia de noticias EFE.
Aladdin
La historia del plebeyo que se enamora de una princesa y que hace lo imposible para conquistar su hermético corazón es un cliché. Sin embargo, Disney se las ingenia para vendernos el mismo pescado muerto una y otra vez. Allá por 1992 la productora lanzó la película Aladdin, la historia de un “muerto de hambre” que se enamora de Jazmin, hija de un sultán despistado. Según la autora del libro, el filme está “saturad de rasgos negativos con un clima inclemente y una geografía desierta”. Sobre los personajes, Croce explica: “Hay un árabe astuto que trata de engañar a los turistas vendiéndoles productos típicos que resultan inútiles y un sultán tonto con un consejero maquiavélico”. A su vez, la protagonista tiene rasgos más judíos que árabes y su vestimenta combina los colores de la bandera hebrea. Por su parte, el “Genio” representa a la sociedad de consumo norteamericana con las máquinas tragamonedas y los musicales ostentosos. La preparación inconsciente había comenzado a su vez con los documentales realizados por la cadena Nacional Geographic que lo único que hacían era emitir historias sobre violencia, tiranía y despotismos en todo oriente.
Mulán
La película estrenada en 1998 coincide con la firma del acuerdo comercial entre Estados Unidos y Dinsey. El objetivo del filme es desdibujar los años de comunismo en el país oriental y reposicionarlo, al menos en el imaginario colectivo de los estadounidenses, como una potencia mítica que resalta los valores de la acción y la defensa de la patria frente a la invasión de los hunos. “En el contexto del acuerdo, se traslada la acción a la China imperial y se evita cualquier vínculo con el comunismo”, resume la autora del material que además es profesora de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Buenos Aires.
“Este tipo de personajes influyen al público infantil que es muy vulnerable a los estereotipos porque están atravesando una etapa en el que el pensamiento crítico no está demasiado desarrollado”, resalta la autora y agrega: “Una vez concluida la proyección de la película, el circuito continúa porque en el propio cine se ofrecen productos de consumo inmediato como vasos de refrescos con los mismos personajes del filme, al igual que juguetes, útiles escolares o cadenas de comida rápida en las que el premio del menú infantil son los muñecos de la película”.
En la introducción del libro, la profesora dedica algunas líneas al corto Donald Duck in Nutziland (El rostro del Fürer, para nosotros) al que califica como un intento para “seducir a los países latinoamericanos a alinearse con la política estadounidense”.
En un esfuerzo de producción, ASI NO consiguió el famoso corto premiado con un Oscar en 1943, en el que se puede ver al famoso Pato Donald como un obrero nazi que se vuelve loco bajo la opresión armada de la alemania del fürer. Allí se puede ver ridiculizada la figura de Adolfo Hitler, Benito Mussolini y del emperador Hiroito. Además, se presenta a Alemania como un lugar violento en el que no se respira la libertad de expresión.
Interesado en el tema, ASI NO decidió buscar otros ejemplos propagandísticos de la productora del ratón. Según parece, las siguientes películas también esconden un objetivo político.
Alicia en el país de las maravillas
Al parecer, la adaptación del clásico literario de Lewis Carrol intenta defender la creación del Estado de Israel. La justificación es que el jardín real es de color azul y blanco, los mismos que lleva la bandera de israelí y que el reloj que se puede ver en la merienda en la que se celebra el “feliz no cumpleaños” se convierte en la bomba de reolería emblematizando a la URSS.
El Rey León
Después de la Guerra del Golfo, la película presenta a Skar como el león malo. Su nombre en árabe significa “soldado” o “militar” y se puede ver la media luna del Islam cuando el personaje organiza su ejército de hienas. Algunos sugieren que la clásica escena en la que Mufasa, el padre de Simba, se le aparece entre las nubes tiene una innegable similitud con la estatua de Lincoln en la ciudad de Washington. Además, también se esgrime que el mono representa a la sabiduría y la resignación de la comunidad negra norteamericana.
Después de años de considerar a Disney como una de las mega empresas abocadas a la diversión de los más chicos, algunos se preguntan cuáles son las verdaderas intenciones del gigante de la animación.

3 comentarios:

Helena dijo...

el viejo y querido "Para leer al Pato Donald..."

Asi No dijo...

Exacto, digamos que "El cine infantil de Hollywood" es una versión remasteurizada de "Para leer al Pato Donald".

Saludos,

Anónimo dijo...

se puede ser pero los ejemplos son medio extremos